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El día que un restaurante de lujo en CDMX no dejó entrar a Francisco Toledo por "mal vestido"

  • Isaura Guzmán
  • 21 jul
  • 2 min de lectura

ISAURA GUZMAN

21/07/2026


Andrés Henestrosa lo defendió con una frase que lo persiguió al lugar: "Sucede que, en este restaurante de segunda, no quieren admitir a un pintor de primera".

 

Eran dos de los más grandes zapotecos del último siglo, pero solo a uno lo dejaron pasar.

Andrés Henestrosa y Francisco Toledo entraron a un lujoso restaurante de la capital a tomar una cerveza y conversar. Henestrosa, de traje elegante, bastón fino, sombrero y piel clara — Meuxubi, el Alacrán, su nahual — era respetado en las altas esferas. Había comido con presidentes, senadores y llevado a Diego Rivera y Frida Kahlo al Istmo.

 

Toledo, 34 años más joven, vestía como lo que era: un artista. Ropa de algodón ligera, cabello desaliñado, barba crecida, piel morena — Guchaachi', la Iguana, su guenda. Afuera de Juchitán, en ese México racista, eso era sinónimo de no tener dinero.

 

"Al lugar no puede ingresar el señor, porque no viste apropiadamente", les dijo el jefe de meseros señalando a Toledo.

 


Según relata Gubidxa Guerrero Luis en el texto compartido en Hablantes, la anécdota la contó Margarito Guerra, quien se la escuchó al propio Henestrosa y se la confirmó el mismo Toledo. Tres hombres de palabra.

 

Para el mesero, Toledo era un "naco", un "yope", un "indio". Palabras que en el imaginario racista chilango quieren decir lo mismo: pobre y de baja categoría. No sabía que afuera de ese restaurante, ese hombre era más honrado en París y Nueva York que en su propio país.

 

Henestrosa no toleró la afrenta. Tras un intercambio con el personal, llegó el dueño del lugar.

 

"Sucede que, en este restaurante de segunda, no quieren admitir a un pintor de primera", le soltó Henestrosa.

 

El propietario, que sí sabía quiénes eran, apenadísimo los condujo a su mesa y los atendió personalmente.

 

No fue la única vez. A Toledo le pasó varias veces en la vida. Lo confundían en la calle, lo discriminaban en restaurantes, lo hacían a un lado. Nunca cambió su forma sencilla de vestir ni su forma de ser. Como escribe Gubidxa, las burlas no le quitaron la sencillez.

 

Dos binnigula'sa', hijos de los antiguos zapotecas que levantaron Monte Albán, Mitla y Guiengola, dos exiliados voluntarios que extrañaban Juchitán y lo honraron siempre. El Alacrán y la Iguana, que enseñaron que las apariencias engañan y que en México todavía se juzga por la ropa antes que por la obra.

1 comentario


Roberto Javier Castro Tavizón
Roberto Javier Castro Tavizón
23 jul

Asi como ya era algo aplicable el establecer las debidas prácticas correctas, conforme a lo que bien corresponde CONFORME A UNA CORRECTA Y ORDENADA APLICACIÓN DE LA LEY POR NOSOTROS EL PUEBLO, ya que son los debidos beneficios que desde el año 1917 en que fue creada nuestra Constitución, en que seguramente a la fecha de esta anécdota de discriminación los personajes participantes, bien tuvieron efectivamente la correcta oportunidad de hacer valer debidamente los muy correctos beneficios de nuestra Carta Magna, de lo cual al haberlo verificado debidamente con el propietario del Restaurante, ni siquiera hubiera sido "emitido" ese comentario que igualmente "discriminaba", en que lo debido es tener presente en todo momento que nosotros El Pueblo SOMOS LA ÚNICA…


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